HOMBRES SIN MUJERES de Haruki Murakami -

19-11-2018 04:30 -06:00

HOMBRES SIN MUJERES. HARUKI MURAKAMI (Kioto 1949) 

La ficción de Murakami, a menudo criticada por la literatura tradicional japonesa, es surrealista y se enfoca en conceptos como el fatalismo. Es considerado una figura importante en la literatura The Guardian ha situado a Murakami "entre los mayores novelistas de la actualidad".  

Aunque nació en Kioto, vivió la mayor parte de su juventud en Hyogo. Su padre era hijo de un sacerdote budista y su madre de un comerciante de Osaka.

Desde la juventud Murakami estuvo muy influido por la cultura occidental, en particular, por la música y literatura. Creció leyendo numerosas obras de autores estadounidenses, como Kurt Vonnegut y Richard Brautigan. Son esas influencias occidentales las que a menudo distinguen a Murakami de otros escritores japoneses.

Estudió literatura y teatro griegos en la Universidad de Waseda, donde conoció a su esposa, Yoko. Aunque no iba a la universidad apenas, trabajaba en una tienda de discos en Shinjuku (tal como uno de sus personajes principales de Norwegian Wood) y pasaba mucho tiempo en bares de jazz. Antes de terminar sus estudios, Murakami abrió el bar de jazz Peter Cat en Tokio, que regentó junto con su esposa desde 1974 hasta 1981.

En 1986, con el enorme éxito de su novela Norwegian Wood (Tokio blues), abandonó Japón para vivir en Europa y Estados Unidos, pero regresó a Japón en 1995.

La ficción de Murakami, que a menudo es tachada en Japón de literatura pop, es humorística y surreal, y al mismo tiempo refleja la soledad y el ansia de amor en un modo que conmueve a lectores tanto orientales como occidentales. Dibuja un mundo de oscilaciones permanentes, entre lo real y lo onírico, entre el gozo y la oscuridad. Cabe destacar la influencia de los autores que ha traducido, como Raymond Carver, F. Scott Fitzgerald o John Irving, a los que considera sus maestros.

Muchas novelas suyas tienen, además, temas y títulos referidos a una canción particular.

Murakami es aficionado al deporte: participa en maratones y triatlón, aunque no empezó a correr hasta los 33 años. El 23 de junio de 1996 completó su primer ultramaratón, una carrera de 100 kilómetros alrededor del lago Saroma en Hokkaido, Japón. Aborda su relación con el deporte en De qué hablo cuando hablo de correr (2008).

HOMBRES SIN MUJERES.

En “Hombres sin mujeres” Murakami ofrece a los lectores siete relatos en torno al aislamiento y la soledad que preceden o siguen a la relación amorosa: hombres que han perdido a una mujer, o cuya relación ha estado marcada por el desencuentro, asisten inermes al regreso de los fantasmas del pasado, viven el enamoramiento como una enfermedad letal, son incapaces de establecer una comunicación plena con la pareja, o ven extrañamente interrumpida su historia de amor. Otros experimentan atormentados amores no correspondidos o, incluso, como en el relato protagonizado por una metamorfosis kafkiana, desconocen todavía los mecanismos del afecto y del sexo. Sin embargo, las verdaderas protagonistas de estos relatos —llenos de guiños a los Beatles, el jazz, Kafka, Las mil y una noches o, en el caso del título, Hemingway—, son ellas, las mujeres, que, misteriosas, irrumpen en la vida de los hombres para desaparecer, dejando una huella imborrable en la vida de aquellos que las han amado, o de los que, al menos, intentaron amarlas.
Son siete narraciones que pueden entenderse como variaciones sobre el tema de hombres abandonados por mujeres o privados de su presencia. Mujeres que entran y salen de la vida de aquellos, sin posibilidad alguna de comunicación o armisticio, sin segundas oportunidades. Murakami sentencia que basta con amar con locura a una mujer y que ella se marche a cualquier parte para convertirte en un hombre sin mujer. Perder a una es perderlas a todas.

Murakami elige como protagonistas de sus cuentos a los hombres y a las mujeres de su generación, que han crecido con los Beatles, el cine de Hollywood, las marcas deportivas y las series televisivas. Los dos primeros relatos se titulan “Drive My Car” y “Yesterday”, un guiño a los cuatro de Liverpool. Ambos recrean historias de amor sin final feliz. No hay drama ni desesperación. Sólo la melancolía del que ha fracasado, sin saber por qué y sin haber luchado demasiado por evitarlo. “Drive My Car” cuenta la historia de un actor secundario que contrata como chófer a una mujer joven. Su visión es defectuosa y, en determinado ángulo, surge un peligroso punto ciego. El actor roza los 50 y ha enviudado. La conductora tiene la edad de ser su hija y escucha sus confesiones. Su esposa le engañaba con otros. No se lo reprocha. Vivieron juntos, pero entre ellos había “un punto ciego fatal” que les impidió conocerse a fondo y compenetrarse en lo afectivo y sexual. “Yesterday” recrea la peripecia de un insólito trío de universitarios que no llegan a consumar la relación. Se quieren, no tienen demasiados prejuicios, pero el miedo a mostrar su interior, les aleja irremisiblemente. “Nadie sabe qué soñaremos mañana”, escribe Murakami, insinuando que la vida es un largo rodeo hacia ninguna parte.

“Un órgano independiente” relata la vida del doctor Tokai, un cirujano plástico que desecha el matrimonio y los hijos. Prefiere tener amantes y no comprometerse. Es atractivo, culto, refinado. No echa nada de menos, pero un día llega sus manos un libro sobre un médico judío deportado a Auschwitz y se pregunta en qué se convierte un ser humano cuando lo pierde todo. ¿Se puede ser un hombre sin amar? ¿Se puede construir una identidad, sin aventurarse a ser padre y esposo? 

“Sherezade” refiere los encuentros de dos amantes que ignoran casi todo del otro. El sexo es rutinario, casi mecánico. Aunque se trata de un adulterio, no hay rastro de ese apasionamiento asociado a la transgresión y la clandestinidad. Sólo una lejana historia del pasado de la mujer logrará propiciar un éxtasis efímero.

Esa sensación de vacío, rota por una imprevista cresta emocional, reaparece en “Kino”. Kino es el dueño de un bar de jazz, que ha sorprendido a su mujer con un amante. Aparentemente, no le afectó demasiado, pero el romance de una noche le revelará la profundidad de su herida.

“Samsa enamorado” es un homenaje a La metamorfosis (1915). En este caso, la pareja del extraño insecto sólo puede ser una joven con joroba. La deformidad que nos espanta sólo es el reflejo de nuestras miserias interiores, objetivadas en forma de pesadilla.

“Hombres sin mujeres” es el relato que sirve de título al conjunto. De alguna manera, es la clave del libro y expresa el temor más profundo de todos los personajes masculinos: enamorarse de una mujer y perderla definitivamente. 

 

Lugar: Topalekua

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